viernes, 5 de septiembre de 2014

Capitulo 6 – Nuestra primera “cita”.

Narra Harry

Se negaba a darme “clases” de surf. ¿Por qué? No soy tan malo como seguramente piensa. Además, sería divertido. Os estaréis preguntando que porque entre comillas. Bueno, es fácil de explicar. Estar todo el día en la playa con ella, en bañador, dentro del agua, juntos… ¿Os lo imagináis? Una cosa llevará a la otra y ya la tendré gimiendo mi nombre en la habitación del hotel. Pero no, la señorita ni-en-sueños-te-doy-clases lo tenía que arruinar todo. Encima tengo que madrugar para ir a correr. Siempre lo he odiado. Miré mi reloj y me indicaba que, o corría o llegaba tarde. Qué irónico todo ¿no? Bien empezamos la mañana…
- Te dije a las siete. – fueron sus primeras palabras del día dirigidas hacia mí.
- Mi reloj marca las seis y cincuenta y nueve. – le enseñé mi móvil con la hora. Lo había cambiado segundos antes. Soy un genio ¿eh?
- Bueno, como sea. – se agachó para ajustarse una zapatilla. - ¿Preparado, superestrella?
- Siempre lo he estado. – sonreí con autosuficiencia. Empezamos a trotar suavemente y, poco a poco, Fran fue aumentando el ritmo.
- Oye, si ves que te vas a desmayar, avísame. No quiero tener que acompañarte al hospital. – habló con un deje de burla en su voz.
- Tranquila, estoy acostumbrado a esto. – mentira.

Continuamos nuestra pequeña carrera en silencio. No era incómodo solo que sentía que si abría la boca me moriría en ese mismo instante. Llevábamos dos horas corriendo y no podía con mi alma. Las piernas me iban solas ya que no las sentía y, cada vez que daba un paso, sentía un fuerte pinchazo en el estómago debido al flato. Mierda, ¿cuánto tiempo más va a durar esta tortura? Cada vez que giraba la cabeza para ver a mi compañera, tenía el rostro tranquilo y sereno. No parecía cansada y se notaba que disfrutaba corriendo. No podía darle la satisfacción de verme derrotado ante una estúpida carrera. Vamos, Harry, ya queda menos.
- Bien, creo que por hoy es suficiente. – se detuvo pero continuó andando.
- Tampoco ha sido para tanto. – la imité a la vez que intentaba disimular el cansancio en mi voz. Miré hacia atrás y vi el principio de la playa casi en el horizonte ¿o eran imaginaciones mías?
- Claro, correr quince kilómetros en dos horas y media no es nada. – dijo con sarcasmo. – Ven. – me cogió de la mano y me arrastró a paso rápido.
- ¿A dónde vamos? – dije disfrutando de su contacto.
- Quiero llevarte a un sitio. – seguimos andando y se detuvo en cuanto pisamos una pequeña cala. – Siempre vengo aquí después de entrenar.
- Es precioso.
- No hay muchos lugares como este que la gente no conozca, por eso mismo es mi lugar favorito. – se sentó en la orilla y dejó que las olas bañaran sus pies. Me senté a su lado y apoyé mis manos en la arena húmeda. - ¿No es relajante?
- Sí.
- No has estado tan mal como pensaba. – me sacó la lengua. – Aunque algunas veces creí que te iba a dar algo. - ¿me había estado observando?
- Te he dicho que estaba acostumbrado. – saqué mi orgullo a la luz.
- Lo dudo. – rió ante mi comentario. – Reconozco a una persona que no ha corrido en su vida y, lo siento pero, tú eres uno de ellos.
- Vale, lo admito. Es la primera vez que corro tanto. – lo solté todo de golpe.
- ¿Y por qué lo has hecho si sabías que te ibas a morir en el intento? – noté un deje de burla en su voz.
- No iba a dejar que te pavonearas en mi cara. – no la miré en cuanto salieron las palabras de mi boca.
- No lo habría hecho. – sus ojos color caramelo me mostraron la verdad de sus palabras.



Narra Louis

Caminábamos lentamente bajo las estrellas mientras charlábamos alegremente como hace unas horas. Había recuperado el humor de mi amiga y me alegraba por ello. Nuestra cena no había sido como los dos habíamos planeado pero, no podíamos negar que fue divertido. Al llegar al restaurante chino que había dicho Charlie, tuvimos que esperar una eternidad para poder sentarnos a comer. Al final, optaron por ponernos unas cuantas cajas apiladas en la parte de atrás del restaurante y un mantel encima, unas cuantas velas y la comida. No era lo que esperábamos pero fue un detalle por parte del cocinero. Nos sirvieron algo parecido a pollo y unas patatas cortadas de manera extraña, menos mal que invitaba la casa. Para ser sincero, parecía la escena de la Dama y el Vagabundo, solo que nosotros no interpretábamos esos papeles precisamente. No hubo beso después de comernos “accidentalmente” el mismo espagueti, para empezar porque ninguno había pedido eso. Ahora mismo estaba acompañando a Charlie a su casa. No me agradaba la idea de que tuviera que volverse sola por estas calles y más de noche. Aunque ella se negaba en un principio, al final aceptó después de mostrarle mi instinto protector y mi constante insistencia.
- Gracias, Lou, me lo he pasado genial esta noche. – dijo en cuanto llegamos ante su puerta.
- Vivo para complacerte, preciosa. – le di un toquecito en la nariz.
- Buenas noches. – agachó la cabeza para que no viera el pequeño rubor de sus mejillas.
- Buenas noches. – abrió la puerta y, antes de que la cerrara, la bloqueé con mi mano. – Charlie, antes de que te vayas tengo que preguntarte algo.
- Bueno, adelante. – abrió más la puerta y me miró con atención.
- Te va a extrañar la pregunta pero llevo pensando en esto todo el día. – hice una pequeña pausa. - ¿Por qué cambiaste de humor esta tarde en el parque?
- ¿Es esa tu pregunta? – preguntó extrañada.
- No pero necesito saber esto para averiguar lo otro. – moví exageradamente las manos nervioso.
- Tu amigo me puso nerviosa. – contestó después de pensar lo que tenía que decir.
- De acuerdo. – dije no muy seguro de que me estuviera diciendo la verdad. – Bueno, pues aquí va la pregunta. Llevo pensando bastante en ello y, puede que sea una locura, pero es una posibilidad. – me miraba con toda la atención del mundo esperando mi pregunta. – Allá voy. – tomé aire y la volví a mirar. - ¿Tú me ves como algo más que a un amigo? – hubo un silencio incómodo entre nosotros y, segundos después, sentí la fría madera de la puerta en mi cara. ¿Qué significaba eso?


Narra Alex

Doce y media de la mañana y aún no me ha llamado. ¿Por qué no me ha llamado? Mierda. Allí estaba yo, sentada en la cama, esperando esa maldita llamada como una loca paranoica. ¿Enserio, que pasa conmigo? Nunca me había puesto así y ahora voy y me pongo así. Es desesperante, mejor dicho, soy desesperante. Un grito proveniente de la parte de abajo de la casa me indicó que estaba la comida lista en la mesa y que yo era la única que faltaba allí abajo. Alrededor de la mesa ya estaban sentados mis abuelos mientras una joven chica servía la comida en los platos. Viejos estirados.
- Bueno, ¿qué tal por Londres, cariño? – preguntó amablemente mi abuela.
- Bien.
- ¿Has hecho algún amiguito? – ni que fuera una niña…
- Sí.
- Jovencita, haz el favor de no ser tan maleducada. – me regañó mi abuelo. – Tú abuela solo quiere interesarse por ti.
- De acuerdo. – conté hasta diez para tranquilizarme. – Conocí a dos chicos en… una librería y he quedado con uno de ellos para dar una vuelta. – eso si me llama. Una música junto con la voz de Rihanna me hizo saber que tenía una llamada. Corrí a por el móvil escaleras arriba y no lo encontré. Mierda, ¿dónde estaba? Bajé las escaleras y me tiré en plancha sobre el sofá para contestar. ¿Cómo había llegado mi teléfono ahí? - ¿Hola?
- ¿Alex? – dijo la voz de un chico que estaba notablemente nervioso.
- Hola, Josh. – sonreí al nombrar al chico mientras los ojos curiosos de mis abuelos me observaban. - ¿Qué tal?
- Bien, ya sabes, todo lo bien que puedo estar un día de vacaciones. – su nerviosismo desapareció. - ¿Y tú? Por lo que oigo, pareces contenta.
- ¿Ahora eres adivino? – seguí su broma. – Bueno, ¿planes para hoy?
- Había pensado en que podríamos subir al London Eye. – ahora mismo estaría rascándose la nuca nervioso, os lo puedo garantizar.
- Me parece una idea fantástica.
- ¿Te recojo o nos vemos allí? – miré a mis abuelos y negué rápidamente con la cabeza.
- Nos vemos allí.
- ¿En el London Eye a las seis? ¿Te parece bien?
- ¡Yo también quiero ir! – oí una voz por detrás. Seguro que era Liam aunque no estaba muy segura.
- Claro, allí nos vemos.
- Hasta luego, Alex. – se despidió Josh con la voz agitada seguramente por estar peleando con su amigo.
- Adiós, Josh. – sonreí mientras finalizaba la llamada.
- Parece que tienes una cita. – sonrió mi abuela.
- Sí, bueno no, es solo un amigo. – dije nerviosa mientras me sentaba otra vez a comer.
- ¿Quién es el afortunado? – esta vez fue mi abuelo.
- Josh, Josh Devine. – nombré a mi amigo con una sonrisa.
- ¿Y el otro chico que has conocido? – la miré confusa. – Nos has dicho que conociste a dos chicos.
- Ah, el otro es Liam Payne pero no creo que venga. – la verdad, no lo creía posible. Era una salida solamente apta para Josh y para mí ¿no? Era nuestra primera cita ¿me equivoco?


Narra Niall

Ya era un nuevo día y aún no me había olvidado de mi enorme fracaso con aquella chica. Era muy penoso por mi parte no saber ligar con 21 años. ¿Cuándo fui tan torpe a la hora de interactuar con una chica? Siempre había sido seguro de mí mismo pero ¿y ahora? ¿Qué estaba ocurriendo conmigo? Me levanté de la cama a regañadientes y, descalzo, me dirigí a la cocina para ver que podía desayunar a las doce del mediodía. Todas las chicas estaban a mis pies menos ella, ¿qué tenía diferente? ¿Acaso no sabía quien era? Eso lo ponía más difícil todavía. Abrí la nevera y saqué un enorme bote de zumo de naranja y empecé a beber a morro. Si me hubiera presentado a cualquier otra chica, lo más probable es que ya se le hubieran caído las bragas. No es por ser mala persona ni creído, solo que era la pega de ser famoso. A pesar de ello, sé que ella no lo hubiera hecho, sé que ella no es así. Después de acabarme la última galleta de la caja, salí en busca de Lucy para contarle el magnífico plan que se me acababa de ocurrir. Decenas de paparazzi empezaron a fotografiarme nada más salir de casa. Se me había olvidado tomar todo tipo de precauciones para estos casos. En cuanto llegué a la casa de mi amiga, entré como alma que lleva al diablo en cuanto abrió la puerta.
- ¿Pero qué…?
- Lo siento, paparazzi en la puerta. – moví las cortinas para evitar que vieran el interior de la casa. – No podemos salir.
- No importa. – se sentó en el sofá y me indicó que hiciera lo mismo. - ¿A qué viene esta entrada triunfal? – lo dijo con sarcasmo.
- Tengo un plan. – empecé a contarle mi brillante idea.
- Te ha dado fuerte por esa chica ¿eh?
- No sé, presiento que es diferente. – dije con la mirada perdida.
- ¿Es diferente por huir de ti? – ya empezaba con el temita.
- ¿Cuánto tengo que pagarte para que te olvides de eso de una vez por todas? – saqué la cartera y le enseñé unos pocos billetes.
- Guarda tu dinero, chaval. – me quitó dos billetes de diez y se los guardó en el bolsillo. – Tu plan no parece tan descabellado como pensaba pero sí que es un poco acosador.
- Necesito averiguar cosas sobre ella. – soné más desesperado de lo que me había propuesto.
- De acuerdo, te ayudaré. – cedió por fin. – Tienes unas maneras más raras de ligar…
- ¡Te quiero! – me abalancé sobre ella y le llené la cara de besos.


Después de que Lucy consiguiera tirarme del sofá y de que acabáramos la pelea de cojines que yo había empezado, trazamos mi plan que no tendría lugar ni hoy ni mañana. Estábamos a viernes y tendría lugar el domingo por la noche. Todo tenía que salir a la perfección, no podía fallar esta vez. Ahora contaba con la mano experta de mi amiga para ayudarme y aconsejarme. Tenía que averiguar cosas de ella lo antes posible pero la pregunta era ¿cómo? Ni siquiera sabía su nombre, solo que era una chica preciosa. Al menos, a mí me lo parecía. No soy tan superficial como otros chicos que solo se fijan en el físico. No, puede que parezca cursi pero a mí lo que me interesa es el interior. Nunca me había gustado catalogar a las chicas según su cara bonita o su cuerpo perfecto. No, yo no era así. Iba a conseguir que esa chica se interesara por mí y nadie se iba a entrometer en mi camino. Siempre consigo lo que quiero y esto no iba a ser menos.

Narra Fly

De acuerdo, se me fue la pinza el otro día. No me había acostado con Zayn pero si que había tenido una larga sesión de mimos con el moreno. No sé por que lo había hecho pero no me había acostado con él, os lo puedo asegurar. Es lo que buscaba desde un principio ¿no? Sexo con Zayn. ¿Por qué no había aprovechado la oportunidad que se me presentó ayer? Será porque no eres así. No, definitivamente no soy así. Yo no me tiro a los chicos por despecho o por ganas de divertirme. No, no soy esa clase de chicas, yo solo tengo un lazo tan íntimo con alguien que de verdad se gane un hueco en mi corazón.
- Buenos días, cariño. – entró mi padre a mi habitación y abrió la persiana.
- Papá, déjame en paz, es muy temprano. – me tapé la cabeza con la sábana.
- Es la una así que a levantarse. – protesté sonoramente y fui al baño mientras mi padre hacía mi cama. Hice todo lo que se puede hacer en un baño a estas horas del día y bajé tranquilamente por las escaleras. – Fly, te buscan por aquí.
- Voy. – dije medio dormida mientras caminaba descalza hacia la puerta de entrada.
- Hola. – dijo la voz de ese chico que intentaba ganarse mi amistad. – Bonito pijama. – se rió de mi ropa de dormir con un enorme Mickey Mouse adornando mi camiseta y las orejas del ratón por todos partes de mis pantalones cortos.
- ¿Qué quieres? – por las mañanas nunca me comportaba de manera amable.
- Venía a preguntarte si querías ir a comer por ahí pero ya veo que ni siquiera has desayunado. – me mostró una bonita hilera de blancos dientes en forma de sonrisa.
- Claro, me visto y voy. – subí las escaleras corriendo mientras Zayn me esperaba sentado en la hamaca del jardín. Había visto a mi padre salir al jardín y eso no significaba nada bueno. - ¡Ya estoy!
- Vaya, estás… - se quedó con la boca abierta nada más verme. Solamente llevaba unos pantalones negros rasgados y una camiseta que dejaba ver mi plano vientre con unas vans en mis pies. – No tengo palabras.
- Estás preciosa, cariño. – me abrazó mi padre. Era un momento realmente incómodo.
- Papá, me voy con Zayn a comer. – cogí de la mano al chico y salí corriendo antes de que mi padre dijera una sola palabra. - ¿A dónde vamos?
- Había pensado en un ¿McDonald’s, quizá? – se encogió de hombros.
- ¿Sabes cuantas calorías tiene la hamburguesa más pequeña? Demasiadas.
- Estás perfecta, no tienes que pensar en eso. – pasó su brazo por mis hombros.
- ¿Y esta confianza, Malik?
- Bueno, somos ama… digo amigos.
- Claro. – dije un poco desconfiada.


No sabía lo que tramaba este chico pero me daba igual. Ahora mismo lo tenía más que claro. Zayn iba a ser mi juguete este verano. Me aprovecharía de él de todas las maneras habidas y por haber. El quería que fuéramos amigos, así que ¿por qué no darle algo de vidilla al asunto? Además, después de estos tres meses no lo vería nunca más. Ya no tenía más dudas, ya no me pasaría como ayer, ya no desaprovecharía más oportunidades. En la siguiente ocasión que la cosa suba de intensidad, lo aprovecharía. Sé que yo no soy esa clase de chicas, pero no voy a negarme a algo de diversión durante un tiempo.

Narra Fran

Verlo así de cansado hizo que no pudiera evitar burlarme de él por la poca resistencia que tenía pero ¿a qué vino lo de después? No, definitivamente no. Fran, concéntrate. Te cae mal, Styles es despreciablemente hipócrita y creído. Claramente no era alguien en mi lista de amigos. Aclarado el asunto, nos fuimos a tomar un batido para reponer fuerzas y más tarde me tocaría ir a por la tabla de surf. En dos semanas era la competición y tenía que estar más que preparada. Nos sentamos en una mesa mientras un amigo de mi primo nos atendió.


- ¡Hombre, Fran! ¡Qué alegría volver a verte! – me abrazó nada más verme y yo le correspondí enseguida. La verdad, siempre me había caído genial y, no hay que olvidar que, era un chico muy guapo.
- Lo mismo digo, Michael. – Harry carraspeó para hacerse notar. – Mike, este es Harry, un idiota que me persigue.
- Encantado. – se estrecharon la mano.
- Lo mismo digo. – dijo el chico de ojos verdes con un toque de ironía en la voz.
- Ahora mismo os traigo lo que habéis pedido. – dijo Mike nada más terminar de anotar nuestro pedido. – Espero verte fuera de trabajo, Fran. – asentí con una sonrisa antes de que se fuera.
- ¿Qué te parece si nos vamos esta tarde a la playa tu y yo? – me preguntó después de que el chico se fuera.
- ¿Yo? ¿Contigo? ¿Estamos locos?
- Bueno, hemos salido a correr juntos. Eso ya es un gran avance. – se encogió de hombros.
- Claro, por que no… - dije con sarcasmo.
- De acuerdo, vente a mi hotel y ya nos vamos juntos. – este no pillaba el sarcasmo.
- Oye…
- Toma, la dirección. – me tendió un papelito interrumpiendo mi escusa.
- ¡Pero si es…! ¡Madre mía! – me había dado la dirección del hotel más caro, lujoso y todos los adjetivos que tuvieran relación con la riqueza de todo el país.
- ¿Qué te esperabas? Soy Harry Styles, siempre tengo lo mejor. – nada más decir su nombre, pude ver una horda de chicas girar la cabeza a la vez. Nota mental, evitar que diga su nombre en un lugar público por el bien de mi seguridad.
- ¿Preparado para correr?
- ¡Ya! – me cogió de la mano y salimos corriendo de allí.

Era difícil porque esta zona era un lugar bastante transitado por los cientos de turistas que todos los años invadían las playas de Australia. Giré la cabeza y pude ver a decenas de niñas corriendo tras nosotros mientras chillaban como unas locas. La mano de Harry seguía sobre la mía para correr más rápido. Yo aguantaba más corriendo pero claramente él me ganaba en velocidad, las desventajas de ser una chica. Su tacto no me incomodaba, es más, me gustaba. Es como si supiera que pase lo que pase, siempre estará ahí para ayudarme pero eso, obviamente, era imposible que pasara. Harry no tenía la pinta de ser de esos chicos. Es ese mismo instante, las palabras que una vez Alex me dijo resonaron en mi mente. “A veces las personas de las que menos te lo esperas, un día te sorprenden.”

Narra Charlie

¿Y ahora que hago? ¿A qué ha venido esa pregunta? ¿Y si…? ¿Y si Louis siente algo por mí? ¿Y si quiere saber si siento yo algo por él por ese motivo? No, no, no y definitivamente no. Es imposible. Apenas nos conocemos. Solo somos amigos. Además, esa misma tarde había quedado confirmado que solo éramos amigos. A mí me gustaba Jason y creo que se notó en el parque. Madre mía, que lío. Estaba cansada y no podía pensar con claridad. Ahora mismo lo único que podía hacer era irme a la cama para poder descansar. Mañana seguramente tendría a Louis en mi puerta a primera hora de la mañana y necesitaba tener la cabeza despejaba para la charla que me esperaba con él.
- Cariño, es hora de levantarse. – mi madre me tendió un vaso de zumo de naranja. – Además, Louis está abajo esperándote.
- Ya voy, mamá. – engullí el líquido naranja y me vestí con unos pantalones cortos deportivos y una camiseta de tirantes blanca.
- Me han dicho que Jason ha vuelto a la ciudad, iré a darle la bienvenida. Estaréis solos así que, ya sabes, no destrocéis la casa. – mi madre me dio un beso en la mejilla y bajó las escaleras junto a mí.
- Charlie. – mi amigo se puso de pie nada más verme.
- Hola, Louis. – bajé la cabeza de manera tímida.
- ¿Qué tal has dormido?
- Bien.
- Oye, sabes que tenemos que hablar ¿no? – dijo nervioso.
- Sí. – nos sentamos en el jardín y nos quedamos un largo rato en silencio. – Perdona el portazo de ayer, yo solo…
- Tranquila, no pasa nada. – me dedicó una sonrisa alentadora. - ¿Te has dado cuenta de que llevamos aquí media hora y ninguno ha dicho una palabra?
- Sí. – reí ante la evidencia.
- Bueno, a lo que he venido es a explicarte lo de ayer. – se rascó la nuca nervioso. – Yo no quería incomodarte, solo que me pareció una posibilidad que tú y yo…
- ¡Hola, Charlie! – le interrumpió una voz.


- ¿Jason? – me levanté sorprendida. – Mi madre había ido a darte la bienvenida.
- Sí, estaba con ella hace cinco minutos pero mi madre me ha mandado a comprar. – se encogió de hombros. - ¿Te apetece acompañarme?
- Yo… - miré a Louis y después a Jason. Mi amigo asintió con la cabeza y se puso de pie a mi lado.
- Yo me tengo que ir ya. Hasta luego, Charlie. – no me dio ni un abrazo ni un beso en la mejilla, se fue sin más.
- ¿Vamos? – me esperaba Jason con una sonrisa resplandeciente.

Narra Liam

Nada más abrir los ojos, pude comprobar que no todo fue un sueño. Por fin había recuperado a mi flameante castaña favorita. Giré mi cuerpo y me apoyé sobre mi brazo para poder ver a mi novia dormir plácidamente al otro lado de la cama. Tenía la boca un poco abierta y el pelo completamente revuelto. Se veía adorable. Francamente, anoche me había recompensado todas esas tardes sin ella por las malditas excusas que me ponía día tras día. Con mi característico buen humor, me dispuse a despertar a la chica. Empecé a darle pequeños besos en la mejilla mientras ella se quejaba con voz somnolienta. Continué mi sesión de besos hasta depositar algunos en el lóbulo de su oreja.
- Liam, tengo sueño. – volvió a protestar.
- Vamos, cariño, despierta. – seguí besando cada centímetro de su piel.
- Vale, tú ganas. – abrió los ojos y me pegó un fuerte almohadonazo en la cara.
- Así que quieres guerra ¿eh? – cogí mi almohada y empezamos una enorme pelea en la que nos vimos envueltos por millones de plumas. – Genial, que sepas que me debes dos almohadas.
- Lo que tú digas, gruñón. – se puso mi camisa y bajó las escaleras para ir a la cocina. – Cariño, llaman a la puerta.
- Ve tú, estás más cerca. – oí su risa y supe que no iría a abrir. Me puse unos pantalones de chándal y bajé a la vez que me ponía una camiseta blanca por encima. - ¿Qué pasa, Josh? – chocamos los puños y me hice a un lado para que pasara.
- Bueno, me aburría en mi casa y me dije “¿por qué no vas a hacerle una visita a tu gran amigo Liam?”
- Claro. – dije sarcástico mientras apartaba a Dusty, el pequeño gato que Harry me había pedido que cuidara.
- Hola, Josh. – entró en escena la castaña. Una cosa que no me gustaba de ella era que le daba igual si estaba medio desnuda cuando estábamos solos o en compañía. Solamente llevaba mi camisa y su ropa interior, joder.
- Hola. – mi amigo intentó no mirarla mucho.
- Voy a cambiarme. – en cuanto vio mi ceño fruncido, subió las escaleras rápidamente.
- Liam, ¿puedo pedirte un consejo?
- Claro. – le sonreí amablemente.
- ¿Cómo le pido una cita a Alex sin sonar desesperado? – soltó una pequeña risita nerviosa.
- ¿Estoy hablando con el mismo Josh Devine que le regaló un globo con forma de perrito a una chica mientras estaba rodeada de sus amigas solo para conseguir una cita?
- Esto es diferente. – se encogió de hombros. – Sabes que el destino no quería que Amy y yo estuviéramos juntos. – sonrió melancólico. - ¿Cómo le pediste salir a Sophia?
- ¿Enserio quieres saberlo? – asintió interesado. – Siendo yo mismo. Sabes que Alex no te dirá que no. – me molestaba que eso fuera cierto. – Así que ahora mismo vas a llamarla y pedirle una cita.
- De acuerdo. – cogió el móvil y a regañadientes empezó a marcar el número. Le estuve observando hasta que por fin habló alguien al otro lado. – ¿Alex? – dijo nervioso. - Bien, ya sabes, todo lo bien que puedo estar un día de vacaciones. – la verdad, era un poco penoso. – ¿Y tú? Por lo que oigo, pareces contenta. – se relajó al cambiar de tema. Mi estómago empezó a removerse. ¿Qué me ocurría? - Había pensado en que podríamos subir al London Eye. – dijo mientras se rascaba la nuca nervioso. Buen plan, amigo. Típico pero ideal para una primera cita. Sentí unos brazos sobre mi abdomen y pude ver a mi novia vestida.
- ¿Con quién habla? – preguntó curiosa en un susurro. Le indiqué que hiciera silencio para que Josh continuara hablando tranquilamente.
- ¿Te recojo o nos vemos allí? – perfecto, había aceptado. Otra vez algo se removió dentro de mí haciéndome sentir incómodo. – ¿En el London Eye a las seis? ¿Te parece bien?
- ¡Yo también quiero ir! – la voz de Sophia inundó todo el salón.
- Hasta luego, Alex. – de repente, Dusty saltó sobre mi amigo y empezó a arañarle el brazo. Intentamos entre los dos apartarlo pero el gato era como una lapa. – Maldito gato. Recuérdame enviárselo a Harry descuartizado en un paquete hasta Australia.
- Bueno, no ha ido tan mal. – intenté que se calmara.
- ¡¿Qué no ha ido tan mal?! Eso díselo a tu novia por bocazas. – le echó en cara la metedura de pata a la chica.
- Podríamos ir nosotros también. – sugirió Sophia en un pésimo intento de parecer inocente. – Así conozco a la chica que te vuelve loco.
- Oh no, Liam dile que no. – me miraron los dos a mí de repente.
- Josh… - para ser sincero, no quería que estuvieran los dos solos pero era mi amigo y me había hecho la promesa de que él se quedaría con Alex.
- Por favor, quiero conocer a esa chica. – insistió Sophia poniendo morritos. – Seguro que es mejor que Amy. Para ser francos, era un poco puta. – lo dijo con desprecio. Vi como Josh se ponía rojo de ira. Nadie sabía la verdadera historia de su ruptura, nadie excepto yo y mis cuatro amigos.
- De acuerdo, pero como algo salga mal por su culpa, serás tú el que lo arregle todo. – me amenazó después de que la bocazas de mi novia lo estropeara todo aún más y dio un sonoro portazo. Genial, todo era absolutamente genial.


Narra Jane

Me levanté lentamente como siempre solía hacerlo pero rápidamente eso cambió en cuanto vi mi móvil. Eran las once de la mañana y había quedado con los chicos dentro de treinta minutos. Me metí rápidamente en la ducha y no tardé mucho en salir. Me vestí con unos shorts vaqueros negros rasgados y una camiseta de Nirvana de color blanca. Me coloqué mis vans y cogí unas gafas de sol. Bajé las escaleras después de coger el móvil y la cartera y miré el reloj de la pared que marcaba las once y veinte. ¡No llegaba! Mi hermano estaba en el salón con unos pantalones de chándal y una camiseta negra que se ajustaba perfectamente a su esculpido cuerpo. En cuanto me vio correr por la cocina, se levantó para seguirme.
- ¿Qué te pasa, renacuaja? – me tendió una taza de café que yo rechacé.
- ¡Llego tarde! – cogí una magdalena y le quité su gorra mientras corría hacia la puerta.
- No vuelvas muy tarde. – oí su voz desde la puerta. - ¡Y no pierdas mi gorra sino quieres morir!

Corrí por las calles de Los Ángeles hasta llegar al parque donde los conocí. No había parado de correr ni un segundo para llegar puntual. Miré mi reloj y me alegré al ver que aún quedaban un par de minutos para la hora acordada. En cuanto fueron las once y treinta minutos, no vi a nadie a mí alrededor. Ninguno de mis nuevos amigos había llegado. Fue pasando el tiempo y no venía nadie. ¿Y si me había equivocado de día o incluso de hora? Repasé mentalmente lo ocurrido ayer y recordaba haber quedado con ellos aquí a las once y media de la mañana. Miré otra vez el reloj y marcaba las doce menos cuarto. Me levanté del banco dispuesta a irme a casa cuando una voz gritó mi nombre.
- ¡Jane! – miré a ambos lados y no vi a nadie. - ¡Jane, aquí arriba!
- ¡¿Pero qué?! – levanté los ojos y pude ver a Emma subida a un árbol. ¿Cómo había llegado hasta allí?
- Ven. – esperé a que bajara del árbol. – No te encontrábamos así que nos hemos separado todos para buscarte. La próxima vez tenemos que acordar el lugar exacto para no perdernos. – se encogió de hombros divertida. – Vamos a buscar a los demás.
- ¿Por qué estabas sobre un árbol?
- Se ve todo el parque desde allí. – volvió a encogerse de hombros. – Mira, allí está Jackson.


- ¡Por fin os encuentro! – dijo el chico mientras andaba hacia nosotras tranquilamente.
- Se nota tu preocupación. – le contestó Emma con sarcasmo.
- Sabes que siempre me preocupo por ti, rubita. – en ese mismo instante se dieron un tierno abrazo y yo no sabía donde meterme. Siempre me ha incomodado todo tipo de actos cariñosos en mi presencia. – Me alegro de que hayas venido, Jane. – me sonrió con galantería.
- Bueno, ya sabes, no conozco el lugar y que mejores guías que vosotros. – le devolví la sonrisa.
- ¡Chicos! – gritaron unas voces que pertenecían al resto del grupo.
- ¿Estamos todos? – preguntó Nicole.
- Sí, ya podemos irnos. – le contestó Luke y la chica enrojeció enseguida.

Salimos del parque y caminamos por una solitaria calle que nos llevaría hasta el centro. Íbamos charlando sobre cosas triviales para que me conozcan mejor y yo a ellos. Por lo que llevaba descubierto, era personas geniales. Algún día tendré que presentárselos a las chicas, seguro que se llevan genial. Me llevaron a los lugares más simbólicos de Los Ángeles como el puerto o, el que más me gustó, el paseo de la fama. Nos hicimos todo tipo de fotos con cada una de las estrellas con el nombre de algún importante personaje reconocido. Mi estrella favorita fue de una de mis ídolos: Billy Joe Armstrong, vocalista de Green Day. Nuestro pequeño tour acabó en las enormes letras de Hollywood. Supuestamente no podíamos entrar ya que una enorme valla nos lo impedía pero ¿desde cuando respetamos la ley?
- Esto es impresionante. – dije mientras mis piernas colgaban de la inmensa O del cartel.
- Estoy de acuerdo. – dijo Drew mirando la maravillosa vista.
- Nunca había visto algo tan bonito. – se le escapó a Nicole.
- Yo sí. – creo que Jackson no quería decir eso y se puso nervioso por todas las miradas pendientes de él. – Me refiero a que… bueno… en la tele… y eso.
- Tranquilo, tío. – se burló su amigo, Luke.
- Bueno, ¿te gusta la ciudad, Jane? – me preguntó Tamara.
- Me encanta, enserio. Mejor que mi pueblo os puedo asegurar que es. – decidí ser franca.
- ¿De dónde eres? – se interesó Drew.
- De Bartonville. – me miraron interrogantes. – En Texas, no está en los mapas.
- Eso lo explica todo. – dijeron todos a la vez. Nos quedamos callados para seguir admirando la puesta de sol que ahora mismo nos brindaba un espléndido espectáculo.
- ¡Oh, vamos, Niall! – oímos una voz no muy lejos de donde estábamos. – Seguro que las vistas son geniales.
- Pero hay una valla, Lucy, y la valla significa que no podemos pasar así que, lo siento, pero yo no voy a incumplir la ley. – otra voz interrumpió nuestro silencio.
- ¿Y que más da? Nadie nos va a ver. – insistió la primera voz. – Va, Nialler.
- Que conste que si nos detienen por esto, no te pagaré un abogado. – accedió la segunda voz.
- ¡Gracias, Niall! – oímos unos pasos que se acercaban y, por inercia, bajamos todos la cabeza para mirar a los recién llegados. - ¿Ves? Hay gente y no veo a la policía por aquí.
- Bonitas vistas ¿eh? – gritó Emma para que la escucharan.
- Son preciosas. – le contestó esa chica que ya había visto en más de una ocasión.
- ¿Os unís a nosotros? – preguntó Luke con amabilidad.
- Claro. – contestó ese chico rubio que me perseguía allá donde fuera después de posar sus azulados ojos en mí.

Narra Zayn

Deslumbrante, es la única palabra que tengo para describir a la chica rubia que me acompañaba. Esa ropa la hacía más bella de lo que era y la naturalidad de su maquillaje hacía que no pudiera dejar de mirarla. Tiene que ser mía sí o sí, no puedo esperar más. ¿Y si llamo a Harry para que me dé algún otro consejo? No, estará ocupado con sus ligues. Mierda, ¿qué puedo hacer para que caiga entre mis brazos? Sé que ayer derribamos la barrera de los besos pero yo necesitaba ir más allá. Necesitaba tenerla en mi cama bajo mi cuerpo, la necesitaba con urgencia.
- Oye, ¿qué te parece si nos compramos un helado? – se dio la vuelta y su pelo rubio brilló provocando destellos dorados con la ayuda del sol.
- Claro, lo que quieras. – nos acercamos a una pequeña heladería y esperé a que eligiera.
- Quiero… un helado de chocolate y vainilla. – una elección simple pero deliciosa. Le prepararon su pedido y, en cuanto lo tuvo en la mano, me miró junto con la dependienta. – Vamos, Malik, es hora de pagar.
- Te aprovechas de mí ¿eh? – dije divertido mientras pagaba el helado. Le tendí el dinero a la joven mientras le dedicaba una mirada divertida. – Espero que esté rico. – indirectamente le di a entender que me dejara probarlo.
- Sí, delicioso. – se metió un poco de helado en la boca. - ¿Quieres probarlo? – una voz seductora entró en mis oídos y rápidamente me encendí como si de una cerilla se tratase. Asentí lentamente y Fly acercó su cuchara con helado a mi boca. – Cierra los ojos. – susurró en mi oído. Hice lo que me había pedido y, de repente, sentí algo frío chorreando por mi nariz y mis mejillas.
- ¡¿Qué has hecho?! – abrí los ojos y vi a la rubia a diez metros de mí.
- Tú querías probarlo pero no me has dicho cómo. A lo mejor es una buena crema hidratante. – empezó a correr y, acto seguido, yo fui tras ella.


Corrimos por todo el parque hasta que la cogí por la cintura provocando que cayésemos los dos al blando césped. Estaba sobre ella con la respiración agitada de haber corrido tanto. ¿Quién iba a decir que esta impresionante rubia corría tanto? Nos miramos unos segundos a los ojos y, no sé si por nervios o por necesidad, los cerró. Entendí ese gesto como una aprobación a lo que haría a continuación. Aproximé mis labios a los suyos hasta que se tocaron levemente. Por inercia, Fly me acercó más a ella con una de sus manos. Intentaba no aplastarla pero la necesidad de tener su cuerpo completamente pegado al mío me estaba volviendo loco. Los besos iban subiendo poco a poco de intensidad y como no me detuviera ahora mismo, acabaría por desnudarla en pleno parque aunque ella tampoco tenía intención de parar.
- ¡Es Zayn Malik! – gritó una vocecilla a nuestras espaldas. Nos separamos rápidamente como si nos acabaran de pillar haciendo algo malo y vimos a unas chicas a nuestro lado.
- ¡Sí, es Zayn! – gritó otra al otro lado. Se empezó a formar un círculo de chicas y nosotros estábamos en el centro. Me levanté y ayudé a que Fly se pusiera en pie.
- ¿Podemos irnos? – me susurró al oído con la respiración agitada. Asentí levemente y la cogí de la mano para que no le pasara nada.
- ¿Nos firmas un autógrafo?
- ¿Te haces una foto con nosotras?
- ¿Quién es ella?
- ¿Puedo tocarte?
- ¿Es tú novia?
- ¿Qué ha pasado con Perrie?
- ¿Te casarías conmigo? – millones de preguntas como esa inundaron nuestros oídos y vi como la rubia se estaba poniendo nerviosa.
- Lo siento, chicas, pero tenemos que irnos. – me abrí paso entre la multitud y rápidamente nos subimos al autobús que justamente estaba haciendo su parada sin que ninguna chica pudiera seguirnos. – Perdona, yo no quería que…
- No pasa nada. – dijo un poco más tranquila. - ¿Podemos ir a tu casa?
- Claro. – nos sentamos en dos asientos libres y, automáticamente, pasé mi brazo por sus hombros. Fly apoyó la cabeza sobre mí y se quedó mirando por la ventana sin decir nada. Sinceramente, no me esperaba que nuestra primera cita acabara así.


domingo, 11 de mayo de 2014

Capitulo 5 - ¿Me está siguiendo?

Narra Jane

Estás van a ser las peores vacaciones de mi vida, estoy completamente segura. ¿Cómo se le puede ocurrir a mi padre que me entusiasmaría la idea de trabajar de camarera? ¿Acaso me ha visto cara de empleada feliz cuando me dio el uniforme? Esto me parece insultante. Joder, que es mi padre. Yo pensaba que me dejaría poner música para que todos bailen al ritmo de mis canciones. Parece ser que no. Todo es un asco. Estoy aburrida en mi casa sola mientras como helado y veo una aburrida película que están echando en algún canal que ni me molesto en saber cual es. ¿Veis lo divertido que está siendo mi verano? Pues si lo veis decidme donde porque yo que no tengo problemas de vista no veo nada. Encima estoy sola en casa. ¿Por qué todos me abandonan?  Mi padre está reunido con no sé quien por algo de la discoteca y mi hermano ha salido con Melanie a dar una vuelta. Creo que esos dos tienen algo. Me tocará cotillear un poco para averiguarlo. Es mi deber como hermana.
- ¡Eh! – alguien me movió levemente. Abrí un poco los ojos y allí vi a mi hermano. - ¿Has dormido aquí?
- Supongo, no recuerdo cuando me dormí. – decía la verdad. ¿Cuándo cerré los ojos?
- Eso es mala señal. – dijo riendo mientras apartaba el bote de helado que había a mi lado.
- ¿Qué tal tu cita? – se puso tenso al escuchar mi pregunta.
- No era una cita. – negó rápidamente. – Era más como… una salida de amigos, eso.
- Salida de amigos, entiendo. – me hice la inocente. - ¿Y cuándo le vas a pedir salir?
- Jane, no sé que películas te estás montando pero a mí Melanie no me gusta. – se levantó dispuesto a irse.
- Oye, era broma. – intenté que se quedara. – Sabes que puedes contarme cualquier cosa.
- Lo sé pero prefiero contártelo cuando esté seguro de que tenga algo que decir. – me guiñó el ojo y subió las escaleras.
- Genial, otra vez sola. – dije en cuanto abandonó el salón.
- Deberías salir y que te dé el aire. – gritó mi hermano desde su habitación. - ¿O piensas estar todo el día aquí metida? – asomó su cabeza por las escaleras.
- Piérdete. – le tiré el cojín que esquivó fácilmente.

Me quedé sola de nuevo y apagué la tele. La película ya había terminado y el helado que había sobrado estaba más que derretido. Intenté recogerlo todo un poco y, en cuanto acabé, cogí mi móvil para ver si alguien me echaba de menos. Al parecer no porque no tenía ni un mensaje ni una simple llamada perdida. No las culpo, se lo deberán de estar pasando bien. Ahora mismo me estaba planteando la idea que había tenido Stefan. No sonaba del todo mal. Me metí rápidamente en la ducha y lavé mi cuerpo lo más deprisa que pude. Una vez vestida y con mi inseparable skate, bajé las escaleras para dejar una nota a mi padre diciendo que estaba explorando la ciudad. Me daba demasiada pereza subir las escaleras y decirle a mi hermano a donde iba, por eso mismo, dejé una nota. Salí de casa y la brillante luz del sol me cegó unos segundos para después dejarme ver la espectacular ciudad que tenía ante mis ojos.

Caminé por unas cuantas horas hasta llegar a un parque donde había un montón de chicos como yo. Todos tenían un skate en la mano y mostraban sus mejores trucos. No lo dudé y decidí unirme a ellos. Quien sabe, a lo mejor hago algún amigo. Monté en mi tabla e hice algunas acrobacias con ella. Algunos chicos me miraban asombrados y las chicas reían y gritaban al ver mi actuación. ¡Genial, les estaba gustando! En cuanto terminé, un grupo de chicas se acercó a mí mientras sus amigos esperaban en el banco en el que estaban sentados.
- ¡Ha sido increíble! – dijo una chica rubia con mechas rosas y una mirada amable.
- Sí, ¿dónde has aprendido a montar así? – preguntó ahora una chica morena que llevaba un sombrero blanco en la cabeza que le quedaba bastante bien.
- ¡Ha sido una pasada! – acabó por hablar la única que quedaba, una chica castaña con mechas californianas casi rubias.
- Mi hermano me enseñó a montar. – para que mentir.
- Pues dile de nuestra parte que si lo hace mejor que tú es un dios. – habló la rubia. – Por cierto, me llamo Emma.
- Yo soy Tamara y ella es Nicole. – señaló a la morena.
- Encantada, yo soy Jane.
- No eres de por aquí ¿verdad? – preguntó Nicole mientras caminábamos hasta el resto del grupo.
- No, soy de Texas.
-  Una vaquera, genial. – río. En cuanto llegamos al grupo de chicos, llamó su atención. – Chicos, os presento a Jane. – me nombró Tamara. – Jane, estos son Luke, Jackson y Drew.
- Un placer. – dije por primera vez en mi vida de manera tímida.
- El placer es nuestro, preciosa. – me hizo gracia el intento de galantería de Drew.

Me quedé junto a ellos para conocerles mejor. Todos habían nacido aquí, en Los Ángeles, y conocían la ciudad como la palma de su mano. Por ese mismo motivo, al día siguiente quedamos en que me enseñarían cada rincón de esta increíble ciudad. En cuanto el reloj marcó las seis de la tarde, nos fuimos a un bar de zumos que según ellos era el mejor. Nos sentamos en una mesa y Luke y Drew fueron a pedir nuestras bebidas. Por el contrario, las chicas fueron al baño. Nunca entenderé por qué las chicas vamos en grupo al baño. Nos dejaron a Jackson y a mí solos esperando a que volvieran. El chico intentó mantener una conversación conmigo para que no me sintiera incómoda y se lo agradecía de corazón. Los primeros en llegar fueron los chicos con los zumos y de mis nuevas amigas no había ni rastro. Agaché la cabeza para poder beber de mi zumo de frutas del bosque y en cuanto la levanté, vi al misterioso chico rubio del cine acompañado siempre de su amiga. En cuanto cruzó la puerta levantó la cabeza y me miró. Sus penetrantes ojos azules estaban clavados en los míos. Una sonrisa se formó en su cara y lo único que pude hacer fue apartar mi vista de él. ¿Quién demonios era? ¿Me estará siguiendo?


Narra Fly

¿Qué haces con tu vida, Stevenson? Bueno, ya no hay marcha atrás. Allí estaba yo, vestida con un bonito vestido blanco y unas preciosas sandalias de tacón, enfrente de la puerta de mi vecino. Me había dado una ducha que había durado siglos para estar lo más presentable posible. Mi pelo estaba cuidadosamente alisado y peinado y mis uñas, la de las manos y la de los pies, perfectamente arregladas y pintadas con un color rosa pálido. Nerviosa, toqué el timbre y esperé pacientemente. ¿Por qué no abre? Seguro que todo esto es un sucio juego a los que está acostumbrado y yo soy la idiota que ha caído como muchas otras. Estoy completamente segura de que lo único que quería era reírse de mí…
- Hola, preciosa. – me abrió la puerta con una radiante sonrisa. Creo que me equivoqué. – La verdad, creí que no vendrías.
- Esa era mi primera opción. – dije secamente. – Pero aquí estoy.
- Buena chica. – se hizo a un lado y me dejó pasar. Le seguí hasta el comedor donde sonaba una tranquila música. – Bienvenida a mi humilde morada.
- Es… bonita. – dije después de unos segundos. Levantó una ceja y me miró divertido. - ¿Qué?
- ¿Lo dice la que su casa es el doble que esta?
- Es la de mi padre, no la mía. – volví a mi tono seco del principio.
- Tranquila, no quiero empezar mal la noche. – se sentó en el sofá y me indicó que hiciera lo mismo. - ¿Vino?
- ¿Enserio?
- ¿Qué pasa? – preguntó mientras lo servía en dos bonitas copas de cristal.
- Nada. – lo dejé pasar. Este intentaba ¿seducirme? ¿Esa era la palabra correcta? – Oye, sobre lo de que eras cantante…
- ¿No te lo crees?
- Si te soy sincera, no. – bebí un sorbo de la copa que me había ofrecido. Sencillamente delicioso.
- Bueno, tendré que demostrártelo. – se puso de pie pero se giró hacia mí antes de moverse. – Pero antes, hagamos una cosa.
- Dime. – dije sin prestarle mucha atención. Estaba demasiado engatusada por ese exquisito vino.
- Hagamos una pequeña competición. – me miró desafiante pero aún conservaba un brillo de diversión en los ojos. – Tú dices que no canto bien así que, ¿qué te parece si jugamos una partida al Sing Star?
- Eso es de críos.
- ¿Tienes miedo, rubita? – su rostro estaba peligrosamente cerca del mío.
- Claro que no. – me puse de pie para enfrentarlo.
- Bien, pues entonces compitamos. – abrió un armario y sacó dos micrófonos y la caja del juego. – Pero, para hacerlo más emocionante ¿qué te parece si apostamos?
- Hecho. – le tendí la mano y no dudó en estrechármela. – Si gano yo me invitarás un día entero de compras. Todo a tu cuenta. Si puedes alquilar esta casa todas las vacaciones, creo que no te será un inconveniente comprarme algo de ropa.
- Hecho pero si gano yo… - pensó un rato antes de decir su condición. – Tendrás una cita conmigo.


Narra Harry

Ya ha pasado un día desde que no la veo. No he hecho nada desde entonces y me aburro mucho. ¿Qué te pasa, Harold? Solo es una chica, una simple chica. No, en definitiva,  Fran no era una simple chica. ¿Qué tenía diferente? ¿Su carácter arrogante, quizá? Odio a la gente arrogante. Se creen los mejores de mundo y no son más que personas estúpidas que no dejan a los demás vivir tranquilos. Pero qué se le va a hacer… deberían aprender de mí. Yo no soy un creído y eso que soy el mejor. En cuanto conseguí sentarme en la cama, mi móvil consiguió que mis pensamientos se dirigieran a la persona que me había interrumpido mi sesión de mirar el techo por culpa del aburrimiento.
- ¿Diga?
- ¡Hey, Styles! – me saludó la alegre voz de mi amigo Christian.
- ¿Qué pasa, tío?
- Oye, estaba pensando en ir a dar una vuelta con Fran. ¿Te apuntas?
- No lo sé, tío. – la verdad, es que me apetecía ir.
- Va, anímate. – intentó convencerme. – Será divertido.
- Es que Fran me odia.
- No te odia, solo que no habéis empezado con buen pie. – dijo con una pizca de humor en la voz. – Va, vente. Verás que no será para tanto.
- Si insistes.
- Gracias, tío.

Colgué en cuanto Christian me dijo la hora y el lugar. Tenía una hora para arreglarme y llegar al punto de encuentro. Fue la primera vez en mi vida que llegué puntual a algún lugar. Nunca en mi vida lo había hecho. Ni cuando era un simple desconocido ni cuando tenía que atender alguna cosa relacionada con el grupo. Estaba esperando a que alguien apareciera hasta que, cinco minutos más tarde, a mi derecha apareció mi amigo. Nos saludamos con un choque de nuestros puños y nos pusimos a charlar mientras esperábamos a Fran. Pasaron diez minutos y no venía. ¿Por qué no viene? Odio esperar. Christian no le dio mucha importancia por lo que nos sentamos en un banco para así no tener que estar de pie. Cuando miré mi reloj marcaba las cinco y media. Ya habían pasado treinta malditos minutos desde que llegué.


- Hola. – dijo una voz a nuestro lado.
- Por fin decides aparecer. – le sonrió mi amigo. – Parece que no pierdes tus viejas costumbres.
- Lo siento. – se disculpó con una sonrisa así que no supe si lo decía en serio o no. - ¿Qué hace este aquí?
- Yo también me alegro de verte, eh. – dije lo más sarcástico que pude.
- Le he invitado. – habló Christian mientras Fran me lanzaba una mirada asesina.
- Bueno, pues vamos ¿no? – el chico se levantó para seguirla. - ¿No vienes, superestrella?
- Claro, preciosa. – no pude evitar sonreír.

Paseamos por el bonito paseo marítimo hasta que Fran quiso detenerse a mirar a un surfista que había por allí. Aquella persona hacía unas acrobacias con la tabla increíbles. Siempre me había gustado ver este deporte pero nunca me había llamado la atención practicarlo, al contrario que Liam o Louis. Aún me acuerdo las graciosas caídas que tuvieron mientras practicaban hace dos años en una de nuestras merecidas vacaciones. Christian había ido a comprar algo para beber mientras Fran miraba al surfista. En cuanto salió del agua pude comprobar que era una chica joven. Mi acompañante la miraba como si quisiera analizarla. ¿Por qué le interesaba tanto?
- ¿Espiando a la competencia?
- ¿Eh? No solo que… - estaba nerviosa. – Idiota.
- Sin insultos, por favor. – rió Christian a la vez que le daba una lata de Coca-Cola.
- ¿Competencia? – pregunté sin darme cuenta.
- Sí, bueno…
- ¿Fran? – la interrumpió una voz a nuestras espaldas.
- ¿Eh? – miró a aquel chico que había dicho su nombre. Detrás de él había un grupo que nos miraba recelosos.
- Soy yo, George. – se presentó. – Íbamos juntos al colegio.
- ¿El mismo George que me tiró a la piscina porque se quedaba sin tarta en su propia fiesta de cumpleaños? – rió la chica.
- Fue un accidente. – se pasó la mano por la nuca nervioso.
- Me alegro de verte. – se abrazaron.
- Y yo. – se separaron después de unos segundos. – Parece que la fama te hace olvidar a tu gente.
- Me mantiene ocupada.
- ¿Nos vemos otro día?
- Dalo por hecho. – se volvieron a abrazar y el chico se fue con su grupo.
- ¿Fama? Creo que me he perdido.
- Tranquilo, superestrella. – me miró Fran sonriente. – Cada cosa a su debido tiempo.

Narra Charlie

¡Acabo de ver a Jason! ¡Acabo de ver a Jason! Madre mía, como ha cambiado. Está mucho más… ¿Guapo sería la palabra adecuada? ¡Que diablos, está cañón! Siempre he babeado por ese chico y ahora voy y me lo encuentro con Louis. A lo mejor piensa que somos algo y a la mierda las pocas posibilidades que tenía. Bueno, es igual, nunca iba a fijarse en mí. Solo soy la mejor amiga de su hermana. Levanté la cabeza y allí estaban los ojos de Louis llenos de promesas jugando con mi adorado perro. ¿De verdad creía que podría conseguir que yo le gustara a Jason? Eso es imposible. A él le van las chicas de pasarela que hay en mi instituto y no una simple cría como yo. ¿Por qué el amor adolescente es tan difícil?
- ¡Louis!
- ¿Qué pasa? – gritó desde el otro lado del parque donde jugaba con Lex.
- Está sonando tu móvil. – dije por encima de la famosa canción de Pitbull y Kesha, Timber.
- Cógelo, ahora estoy un poco ocupado. – me miró antes de intentar coger la pelota que se había colado en un árbol.
- ¿Hola? – dije tímida mientras contestaba la llamada.
- ¿Louis? – sonó la voz de una chica al otro lado.
- Ahora no puede ponerse.
- De acuerdo. – noté el pequeño suspiro de la chica. - ¿Por cierto, quién eres?
- Eh… una amiga. - ¿qué se pensaba que éramos?
- Dile que he llamado. – colgó rápidamente. Me quedé mirando la pantalla del móvil mientras leía una y otra vez el nombre de aquella chica.
- ¿Quién era? – se acercó mi amigo con mi perro sonriente.
- Era… un amigo tuyo. - ¿por qué le miento?
- ¿Y qué te ha dicho? – preguntó curioso.
- Pues… que… se lo está pasando bien en Australia. - ¿Australia? ¿Enserio, Charlie? Ahora sí que la he cagado pero bien.
- Oh, parece que Harry se lo está pasando de maravilla. – gracias, suerte.
- ¿Harry?
- Sí, está de vacaciones en Sydney. – alzó una ceja. - ¿Acaso no ha intentado ligar contigo?
- ¿Eh? No. - ¿por qué lo decía?
- Que raro.
- Oye, se está haciendo tarde. – me levanté del suelo. – Vámonos, por favor.
- Claro.


Se puso a mi lado y, después de ponerle la correa a Lex, nos dirigimos a mi casa. Lo más probable es que mi madre le invite a comer y yo no quería. La conversación de antes con esa chica… fue extraña. ¿Por qué me había puesto tan nerviosa? Solo le había dicho que éramos amigos, nada más. No lo entendía. Llegamos a casa y, como había predicho, Louis se quedó a comer por petición de mi madre. Estuvieron hablando prácticamente toda la comida y yo, casualmente, intervenía con alguna que otra frase corta. Nunca había sido una chica a la que le entusiasmara hablar, a menos que estuviera con mis amigas, y hoy lo estaba demostrando. Las dudas que tenía dentro de mi cabeza me ponían nerviosa. ¿Quién era la chica del teléfono? ¿Y por qué la había notado triste al no ser Louis el que respondiera? Supongo que todas esas preguntas quedarán resueltas con el paso del tiempo.

Narra Niall

Después de pasar todo el día en casa hablando por Skype con los chicos, decidí que era la hora de hacer algo productivo. Ya eran las seis de la tarde y no pensaba estar tirado en el sofá ni un minuto más. Fui al baño y me di una larga y relajante ducha, después me dirigí a mi habitación solamente con una toalla blanca envuelta en mi cintura para elegir la ropa de ese día. La verdad, nunca sabía que ponerme. Siempre estaban los chicos para aconsejarme en esto de la moda, en bastantes ocasiones era Louis mi consejero. Me gustaba su estilo así que decidí poner a prueba todo lo que me había enseñado. Abrí el armario y miré detenidamente cada prenda. Vi unas bermudas vaqueras que al instante pensé en combinar con una camiseta de tirantes de uno de mis equipos favoritos de la NBA, Miami Heat, y unas Vans blancas. Cogí una de mis cientos de gorras con la visera plana y metí mi cartera, las llaves y móvil en mis bolsillos. Por último, me miré al espejo y sonreí ampliamente. Había conseguido el estilo que me encantaba. Salí de casa sin prisa y me dirigí a otra en particular. Llamé al timbre y esperé pacientemente.
- ¿Habíamos quedado hoy? – preguntó mi pelirroja amiga confusa.
- No, pero me apetecía dar una vuelta. – le enseñé una sonrisa de publicidad de pasta de dientes. - ¿Vienes?
- Claro. – cogió el móvil y un pequeño bolsito de la mesita que había al lado de la puerta y salió de la casa.  - ¿A dónde tenías pensado ir?
- Pues, no lo sé. – dije mientras caminábamos por las calles del barrio.
- Conozco un sitio que te encantará. – cogió mi mano y empezó a correr calle abajo. - ¡Tachan!
- ¿Un bar de zumos? – pregunté divertido.
- Te recuerdo que eras tú el que se pasaba todos los recreos con un brick de zumo en la mano.
- Pero eso lo hacía cuando tenía siete años. – dije con sorna. - ¿Además, cómo te acuerdas de eso? Han pasado siglos.
- Bueno, para mí no ha sido tanto y, además, yo quiero un zumo. – puso los brazos en jarras.

Entramos en el local y, para mi sorpresa, estaba bastante lleno. Yo me esperaba un antro de mala muerte pero me equivoqué. Estaba a rebosar de adolescentes. Entré después que Lucy y, al levantar la cabeza, la vi. Estaba allí rodeada de chicos sonriendo hasta que sus ojos se cruzaron con los míos. Intenté que se sonrojara con una sonrisa pero lo único que obtuve fue que apartara la cabeza. ¿Quién era esa chica? Lucy se sentó en una mesa y automáticamente yo me senté en frente. Estaba hablando con uno de esos chicos hasta que tres chicas se les unieron. Pude ver que se había sonrojado y como ese chico con el que estaba hablando reía suavemente.
- ¿A quién estás mirando tanto? – levantó la cabeza mi amiga para mirar en la misma dirección que yo. - ¿Cuál de todas?
- ¿Eh?
- Me refiero a que cual de todas es. – me miró esta vez a mí.
- No sé de que hablas. – dije nervioso.
- Oh, vamos, Nialler. Sé que estabas mirando a alguna de esas chicas. – de esta no podía escaparme. – ¿Es la rubia? Puede que sea la castaña de las mechas californianas? ¡Espera! Ya sé, es la del sombrero blanco.
- No has acertado ni una. – dije riendo.
- ¡¿No me digas que es la gótica?! – no me gustaba que se haya referido a ella de ese modo.
- ¿Y qué tiene de malo? – dije un poco mosqueado.
- Nada, solo que no es tu tipo. – retomamos la conversación después de que se hubiera ido el camarero.
- ¿Mi tipo? Y tú que sabrás cual es mi tipo.
- Somos amigos desde hace siglos y… ¿hace falta que te recuerde que salimos juntos? – la sonrisa angelical que tenía se borró al instante por un semblante enfadado.
- Tranquila, fiera. – intenté calmarla. – Solo me ha molestado un poco lo que has dicho, nada más.
- Bueno, pues es tu oportunidad de hablar con ella.
- ¿Qué?
- Va al baño, corre. – prácticamente me echó de la mesa y fui disimuladamente al baño. Esperé a que saliera para provocar un encuentro accidental. Abrimos la puerta a la vez y, me salió peor de lo que me imaginaba, nos chocamos estrepitosamente.
- ¡Eh, ten más cuidado! – dijo esa chica desde el suelo. Me levanté rápidamente y la ayudé a hacer lo mismo.
- Lo siento. – puse mi mejor sonrisa que, al ver, hizo que agachara la cabeza. - ¿Estás bien?


- Sí. – siguió mirando el suelo. ¿Por qué los demás conseguían que se sonrojaran solamente con mirarlas y yo no? Es injusto.
- Si quieres para compensarte por la caída puedo invitarte a un zumo. – la invité con la esperanza de que aceptara.
- Es que…
- Vamos, solo será un zumo. – insistí otra vez.
- Lo siento, en otra ocasión. – dio por finalizado el tema.
- Claro. – se fue antes de escuchar mi respuesta.     
- ¿Qué tal, Romeo? – preguntó Lucy en cuanto me senté en la mesa.
- No entiendo como lo consiguen.
- Perdona, me he perdido. – dijo sin entenderme.
- Louis, Zayn y Harry saben como “ligar”, incluso Liam tiene a todas a sus pies y eso que es el más tímido. – hice comillas con los dedos.
- ¿Tan malo ha sido?
- Ha sido peor. – apoyé los codos en la mesa y escondí mi cabeza en medio mientras pasaba las manos por mi pelo. – Casi la mato con la puerta del servicio y para colmo se ha ido casi corriendo.
- Ya está claro. – la miré sin entender nada. – Eres el único tío de Los Ángeles que no tiene ni idea de ligar. – aclaró mi duda entre carcajadas.

Narra Louis

Vale, algo le pasaba a Charlie, de eso estaba más que seguro. Pero la pregunta era ¿el qué? Antes estábamos perfectamente en el parque con su perro y, después, es como si algo la hubiera hecho cambiar de humor. De acuerdo, estos pocos días había averiguado que era una chica un tanto especial, pero en el buen sentido. No me gustaba verla con ese ánimo así que eso iba a cambiar ahora mismo. Sé que se iba a negar en cuanto se lo propusiera pero en este mismo instante me daba igual. Iba a conseguir que sonriera como antes como me llamo Louis William Tomlinson. Al terminar de comer, ayudé a recoger la mesa por más que Margaret, la madre de Lucy, me dijera que no. Cuando todo estuvo en su sitio, la mujer anunció que iría a hacer la compra y nos avisó de que como estuviera la casa destruida, quemada o algo por el estilo nosotros seríamos los únicos responsables.
- Oye, Lucy. – dije en cuanto su madre cruzó el umbral de la puerta.
- Dime. – dijo distraída.
- ¿Te apetecería ir a cenar conmigo esta noche?
- ¿Qué? – me miró sorprendida. – Espera, ¿qué?
- Bueno, ya sabes, ir a cenar por ahí tú y yo. - ¿por qué estaba siendo tímido con ella? Ese no era un adjetivo que fuera adecuado para mi persona.
- ¿Cómo si fuera una cita?
- ¿Qué? – ahora el sorprendido era yo. – No, no, no. Como amigos solamente.
- Ah, vale. – parecía más relajada. – Vale, iré a cenar contigo pero te aviso que por aquí a lo más elegante que puedes aspirar es a un restaurante chino.
- Nos las apañaremos. – le guiñé un ojo.


Nos pusimos a ver una película para matar el tiempo hasta que fuera la hora de irnos. Ninguno tenía la intención de arreglarse más de lo que estábamos. Total, solo era una salida entre amigos. No éramos más que eso, dos simples amigos. ¿Será eso? ¿Qué solo somos amigos? Imposible, a ella le gustaba ese tal Jason. ¿Por qué Jason? Ella valía mucho más que ese tío. De acuerdo, no lo conozco de nada pero aún así sé que ella se merece algo mucho mejor. ¿Por qué estoy pensando eso? ¿No me gustará…? No, solo la veo como a una amiga. Además, aún tengo lo de Eleanor muy reciente y no soy de esa clase de chicos. Sé que vine a este lugar para olvidarme de ella pero cuando decía que un clavo saca otro clavo no me refería a jugar con una chica. Ni en un millón de años me aprovecharía de una mujer. Yo solo me imaginaba un amor de verano como los de las películas, como el de la película que estábamos viendo. Sí, algo así. Dios, estoy liando las cosas. Mejor dejo que el destino siga su curso y que todo se decida a finales de verano.

Narra Zayn

Perfecto, todo estaba saliendo según el plan previsto. Lo más probable es que ganara yo así que ya estaba la mitad del camino recorrido. No es por ser un creído pero ser cantante tiene sus ventajas. Después de preparar el juego, le di un micrófono a Fly para que eligiera la canción y me deleitara con su actuación. Estuvo mirando los títulos hasta que los primeros acordes de Tik Tok de Kesha empezaron a sonar por los altavoces. La música sonaba y la suave voz hacía que la canción sonara bastante bien. A ver, no es que vaya a convertirse en una cantante mundialmente famosa pero no lo hacía del todo mal. En cuanto acabó la canción, me miró con una sonrisa de superioridad y me tendió el micrófono.
- Supera eso, chaval.
- Será un placer. – hice una pequeña reverencia y me puse de pie. – Dime una canción.
- ¿Qué?
- Tendré que cantar algo ¿no? Dime alguna canción que te guste. – me encogí de hombros.
- Mirrors de Justin Timberlake. – me sonrió por primera vez en toda la noche. – Me encanta esa canción.
- Espero que te guste. – le devolví la sonrisa y se sonrojó al instante.


Puse la canción y empezaron a sonar las primeras notas. Comencé a cantar al ritmo de la música mientras la miraba a ella, a Fly. Me sabía la letra de memoria y no hacía falta que mirara la pantalla. No apartaba la vista de esa preciosa chica rubia que estaba sentada en el sofá de mi casa. Me miraba de vez en cuando pero enseguida apartaba los ojos de mí. Me encantaba verla así, estaba adorable. Me senté a su lado y pude ver como agachaba la cabeza rápidamente. Con ayuda de la mano que tenía libre, levanté su cabeza para que me mirara a los ojos a la vez que cantaba los últimos versos de la canción. No apartamos la mirada del otro en ningún momento y, sin darnos cuenta de cómo, estábamos muy cerca el uno del otro.
- ¿Ahora me crees? – dije en un susurro.
- Supongo que sí. – cerró los ojos en cuanto apoyé mi frente contra la suya.
- Me alegro. – mis ojos iban desde los suyos hasta sus labios.
- Quieres besarme. – era más una afirmación que una pregunta.
- ¿Qué pasaría si digo que sí?
- No lo sé. – después de unos segundos, noté sus tímidas manos alrededor de mi cuello. – Pero ahora es lo único que quiero.

Sin dudarlo siquiera, presioné mis labios contra los suyos. Besaba tan bien, tan jodidamente bien. Para ser sincero, había establecido un tiempo récord personal. En la primera cita ya había conseguido liarme con ella. Esperad, no era la primera cita aunque podríamos dejarlo así. Me encantaba esta chica pero no en el sentido del amor sino en el del deseo. Quería tocar cada milímetro de su cuerpo y pasar todas las noches con ella. No estaba enamorado de ella pero no iba a negar que me gustaba. Era preciosa, inteligente, sarcástica, decidida y, lo mejor de todo, no era una chica fácil. Después de estar no sé cuanto tiempo besándonos, parecían horas pero no fueron más que unos minutos, Fly puso su mano en mi pecho para impedir que la besara otra vez.
- ¿Qué pasa? – pregunté confuso.
- Tengo que irme a casa. – se levantó dispuesta a irse.
- ¿Pero qué pasa con… esto? – me puse a su lado.
- No debió pasar. – evitó un posible contacto visual en todo momento. – Sé lo que quieres y yo no voy a dártelo.
- ¿Qué? Te equivocas, solo quiero conocerte. – parecía que una lucha interna estaba ocurriendo en su cabeza.
- Bueno, ¿por qué no? – se encogió de hombros y se volvió a sentar en el sofá.
- Fly, lo decía enserio. - ¿cómo puedo ser tan bueno en esto? Me casaría conmigo mismo. – Nunca se me pasaría por la cabeza aprovecharme de ti.
- ¿Lo dices enserio? – otra vez su inocente cara mostrándome su pequeña lucha interna.
- Nunca he hablado tan enserio. – dadme el Óscar ya, por favor.

Acorté la distancia que había entre nosotros con otro beso en sus labios. Vale, sé lo que vais a decir así que ahorrároslo. Sé que está mal y todo eso pero yo también lo he pasado mal y un poco de diversión no es nada malo ni perverso. Además, a ella también le encantará, de eso me encargaré personalmente. Poco a poco, fui tumbándola en el sofá hasta quedar mi cuerpo sobre el de ella pero sin llegar a aplastarla. Empecé a besarle el cuello mientras disfrutaba escuchando esos pequeños gemidos que provenían de su boca. Fui dejando un camino de besos hasta el lóbulo de su oreja hasta que un estruendo procedente de su móvil hizo que se separara de mí. Intenté persuadirla para que no contestara pero fue inútil.
- Claro, enseguida voy, papá. – colgó el teléfono y depositó un suave beso en mis labios antes de marcharse.

Narra Liam

Tranquilízate, Liam. ¡¿Cómo voy a tranquilizarme si tengo una cita con Alex en media hora?! No es una cita. ¿Ah, no? No, recuerda que también irá Josh. Es verdad, mierda. ¿Y si le digo que lo hemos aplazado? Así estaré solo con ella. Eso es jugar sucio ¿no crees? Además, seguiría sin ser una cita. ¿Por? ¡¡¡Sales con Sophia!!! Mierda, Sophia. ¿Y ahora que hago? Dejar que tu amigo se quede con la chica. Parece ser la única solución. Aunque tampoco es que me guste Alex ¿no? Yo que sé. Ni que estuviera en tu cabeza. ¡¡Pero si eres mi conciencia!! Oye, a mí déjame tranquilo. No me metas en tus marrones. Idiota. Bien, Liam, ¿qué te queda por hacer antes de irte? Repasemos, ¿qué me queda por hacer? Ducharme, vestirme, coger la cartera, pensar a donde ir… Muchas cosas. Bien, tranquilicémonos. ¡¿Cómo voy a tranquilizarme?! ¡Llego tarde! Pues corre. Me metí rápidamente en la ducha y estuve unos cinco minutos, después salí corriendo, sin ni siquiera ponerme la toalla en la cintura, para elegir la ropa. No me tomé mucho tiempo porque ya llegaba tarde. Cogí lo primero que encontré y salí corriendo de casa. Menos mal que Hyde Park no quedaba muy lejos así que en unos minutos llegué. Me estaban esperando en la puerta charlando de cualquier cosa. Vi como Alex se reía de algo que le había dicho Josh y algo se removió dentro de mí. Respiré hondo y conté hasta diez antes de acercarme a ellos.
- Por fin llegas. – dijo Alex con una sonrisa a la vez que me daba un beso en cada mejilla.
- Teníamos planeado irnos sin ti. – bromeó Josh mientras chocábamos los puños. Con eso no se juega, amigo.
- Bueno, ¿a dónde vamos?
- ¿Qué os parece si damos una vuelta por el Big Ben? – sugerí mirando a la chica.
- Por mí vale. – accedió a mi propuesta.
- ¿No preferís ir a tomar un batido al Milkshake City? – que diga que no, por favor, que diga que no.
- Lo siento, Liam, pero el plan de Josh es mejor. – puso su mano en mi hombro y empezamos a caminar hacía el local.

Mientras nos dirigíamos a nuestro destino, Josh y Alex no paraban de charlar animadamente y yo, de vez en cuando, intentaba intervenir. ¿Qué es lo que hemos dicho antes? ¿De qué hablas? Quedamos en que Alex era para Josh. Y es lo que estoy haciendo, dejándole vía libre. Se nota, tío. Joder, también quiero estar con ella. También quiero conocerla. De acuerdo, pero no intentes nada raro. Trato hecho. Te estaré vigilando.
- Nunca había venido aquí antes, ni siquiera cuando vivía aquí.
- ¿Enserio? – pregunté sorprendido. – Todas las personas de esta ciudad han pisado, mínimo una vez, este sitio.
- Bueno, soy un poco rara. – me guiñó un ojo y apoyó los brazos en el mostrador.
- Vale, dime lo que pasa. – me ordenó mi amigo justo en el momento en el que Alex estaba fuera de nuestro perímetro.
- ¿A mí? Nada. ¿Qué me iba a pasar?
- Estás muy raro, no sé. – entrecerró los ojos analizándome.
- Tío, estoy bien. – intenté que se lo creyera.
- De acuerdo. – dijo no muy convencido.
- Vamos, chicos. – nos llamó Alex desde el mostrador.
- ¿Qué van a tomar? – nos preguntó Roy, el chico que nos atendió una semana atrás a Zayn y a mí. Le dijimos cada uno nuestro pedido mientras Alex se volvía loca intentando decidir entre todas las variedades.
- Va, Alex, decídete de una vez. – dije desesperado.
- Hay demasiadas cosas.
- Oye, ¿confías en mí? – le preguntó de repente Josh.
- Supongo. – se encogió de hombros la chica.
- De acuerdo, Liam, id vosotros a coger una mesa. Ya me encargo yo de esto. – me guiñó un ojo y me la llevé de allí.
- Yo si hubiera sido tú, no me habría fiado ni un pelo de Josh.
- Es que había tantos nombres y tantos colores que me he empezado a liar yo sola. – una pequeña y tímida sonrisa apareció en su bonito rostro.
- Tranquila, si en el fondo te entiendo. ¿Te cuento un secreto? – asintió levemente la cabeza. – Yo estuve igual o peor que tú la primera vez que me trajeron aquí. – una pequeña carcajada inundó mis oídos pero enseguida se vio silenciada por su mano delante de su boca.


- ¡Ya están los batidos! – nuestro camarero particular entró en escena con tres vasos con contenidos de distintos colores. – Este es el tuyo Liam, este es para mí y este es el tuyo, Alex. Espero que te guste. – le guiñó un ojo y dejó el vaso ante ella.
- No me defraudes. – le sacó la lengua y acercó la pajita a su boca. Josh y yo la miramos sin mover ni un solo músculo. El líquido subió por la pajita y acabó dentro de su boca. Hizo una pausa, nos miró y juntó sus manos para darle más expectación al asunto. – Me quito el sombrero ante ti, Josh.
- Sabía que te gustaría. – dijo con suficiencia.
- Es más, creo que a partir de ahora va a ser mi batido favorito. – le dio un pequeño beso en la mejilla y empezó a beber considerablemente.

Respira, Liam, respira y tranquilízate. Una vez que estuve más calmado, la campanita de la puerta nos indicó que alguien había entrado al local. Como yo estaba sentado mirando a la puerta, pude ver a un grupo de chicas riendo. Eran todas muy guapas, sobre todo la que estaba en medio porque ante mí estaba mi chica desaparecida. No puede ser. Llevo llamándola toda la maldita semana y siempre me dice que tiene cosas que hacer. Se nota… Al verme, la chica puso su mejor sonrisa y se acercó a mí. Me dio un rápido beso y un largo abrazo.
- Te he echado de menos. – susurró en mi oído.
- Ya veo cuanto. – dije sarcástico.
- ¿Qué insinúas?
- Si tanto me echabas de menos podías haber venido a mi casa en algún momento o a dar una vuelta pero veo que prefieres a tus amigas antes que a tu novio. – me empecé a enfadar.
- Liam, están aquí solo una semana y quería aprovechar el tiempo con ellas. – señaló a las tres chicas que estaban en una mesa mirándome descaradamente. – Además, esta noche la tengo libre.

Narra Alex

Vi a cuatro chicas entrar al local y fue como si de una película se tratara. Imaginaros el popular grupo de animadoras en el instituto que entra a cualquier lugar a cámara lenta. Lo sé, me explico fatal pero es lo que hay. En cuanto hicieron su aparición, pude ver como Liam fruncía el ceño y a Josh mirarlo nervioso. ¿Qué pasaba aquí? Liam se levantó de la mesa y una de las chicas se acercó a él mientras las demás lo desnudaban con la mirada. Zorras.
- ¿Quién es esa? – le pregunté a Josh en cuanto Liam levantó el culo de su silla.
- Es Sophia, su novia. – no entró en detalles.
- ¿Y por qué parecía enfadado?
- ¿Cuándo?
- Antes, en cuanto la ha visto. – dije rápidamente para que me contara la historia antes de que Liam volviera.
- Bueno, es difícil de explicar.
- Inténtalo. – le di ánimos.
- Liam es un chico muy ocupado y no tiene todo el tiempo que le gustaría para estar con sus amigos, su familia o su novia. Hace unos días, sus amigos se fueron de vacaciones y el decidió pasarlas aquí para estar cerca de Sophia. – señaló disimuladamente a la chica. – Pues resulta que cada vez que la llama para estar con ella, siempre le ponía alguna escusa diciendo que tenía cosas que hacer. Entenderás que encontrársela con sus amigas no le habrá sentado, lo que se dice, bien, ¿no?
- En el fondo es comprensible.

Cambiamos de tema para evitar hablar del chico y su novia. No es que me incomodara, soy un poco cotilla, pero prefería conocer mejor a Josh. Hablamos de cosas triviales, ya sabéis, cosas como nuestra música favorita, color preferido, sueños y deseos para el futuro y cosas así. Josh era un chico que parecía tener las ideas claras. Se le veía una persona centrada pero a la vez alocada. Cada vez que me hablaba, yo le miraba con una sonrisa estúpida en la cara. No sabía exactamente lo que me pasaba pero me gustaba esa sensación pero luego estaba Liam. Con él era diferente. ¿Podría llamarlo amor? No creo, no me he enamorado de ninguno de esos dos chicos además de que uno tiene novia. No, definitivamente no me he enamorado. Digamos que es atracción. No voy a negar que son dos chicos guapísimos.


- Se está haciendo tarde. – dijo Liam cuando el reloj marcó las nueve de la noche. No había vuelto a ser el de antes pero intentaba disimularlo.
- Sabes, se me hace raro que te quedaras al final con nosotros. – le dije con una sonrisa.
- ¿Por? – me contestó de la misma forma mientras Josh nos miraba divertido.
- No sé, pensaba que te irías con esa chica. – me encogí de hombros. En el fondo, creía en esa posibilidad.
- Había quedado con vosotros, no con ella. ¿Por qué tendría que irme?
- ¿Por qué siempre tienes buenas respuestas para todo? – le pegó un leve puñetazo en el hombro.
- Tío, soy un genio.
- ¡Viva la modestia! – grité en medio de la calle.

Dimos un largo paseo hasta mi casa. Se me hizo ameno gracias a las tonterías de esos dos chicos que se habían convertido en mis amigos. Son geniales y presiento que mi verano lo será también gracias a ellos. Cuando cogí el avión para venir aquí, pensaba que tendría que estar todo el día encerrada en mi habitación para no tener que ver a mis abuelos pero veo que está siendo todo lo contrario gracias a Josh y a Liam. Siempre estaré en deuda con ellos por todo esto.
- Bueno, ya hemos llegado. – nos detuvimos delante de la enorme casa.
- ¡Guau! – se le escapó a Josh.
- ¿Qué pasa? ¿Acaso tienes complejo de perro? – dije divertida.
- Solo que es enorme. – rió a la vez que soltaba algún ladrido cosa que me hizo reír aún más.
- Yo tengo que irme, Sophia vendrá a casa esta noche. – explicó Liam.
- ¿Nos veremos otro día? – soné un poco desesperada para darle más dramatismo al asunto.
- Tienes mi número, úsalo. – me dio un beso en la mejilla pero le retuve con un abrazo. – Adiós.
- Adiós, Liam. – le di un beso en la mejilla antes de que se fuera. - ¿A ti no te espera ninguna chica en tu casa?
- No, creo que no. – rió Josh.
- Que pena. – me hizo reír a mí también.
- Oye, creo que lo mejor será que me vaya.
- Claro. – no quería que se fuera y me dejara sola en la casa del terror. – Adiós.
- Adiós. – nos despedimos con un pequeño abrazo y empezó a caminar hacia su casa. Al ver que se iba, empecé a escalar por el árbol para llegar a mi habitación. - ¡Alex, espera!
- ¿Sí? – intenté mantener el equilibrio mientras me giraba para ver al chico que había retrocedido sobre sus pasos.
- ¿Te apetecería quedar algún día conmigo? Ya sabes, ir a tomar algo o dar una vuelta. – dijo más nervioso de lo normal.
- ¿Josh Devine me está pidiendo una cita? – dije divertida.
- Eh, bueno… solo si tú quieres. – se rascó la nuca nervioso.
- Claro. – accedí. – Hablamos mañana así tienes una escusa para llamarme. – le guiñé un ojo y entré por la ventana.

Narra Fran

Hoy me tocaba otra vez entrenar. Ya había corrido por la playa durante toda la mañana y ahora tenía que practicar sobre la tabla. La cogí del garaje de mi primo y fui hasta la playa. No estaba muy llena y eso me facilitaba las cosas. Si hubiera mucha gente, no tendría espacio suficiente. Al verme, algunas personas que estaban en el agua salieron para dejarme sitio para surfear. En ese sentido, los australianos son muy comprensivos. Si ven a un surfista, se apartan para poder admirar su actuación. Dejé la tabla en la arena y me agaché para atarme la cuerda de seguridad al tobillo. Después, me levanté y me adentré en el frío mar. Cuando estuve lista, empecé a practicar todas las acrobacias que me sabía y a mejorar algunas nuevas. Lo malo de las competiciones de surf es que nunca sabes que hacer. El clima es el que lo decide todo. Puede que el día de la competición no haya olas tan buenas como las de hoy o puede que te sorprendan con otras de dos metros de altura. Nunca se sabe como acabará todo. Después de unas dos horas, salí para beber un poco de agua y descanar.
- Impresionante. – dijo una voz detrás de mí.
- Lo sé. – me senté en la toalla y cogí mi botella de agua.
- ¿Así que a esto se refería ese tío con lo de la fama? – se sentó a mí lado.
- Ya ves, lo has descubierto tú solito, bravo.
- Yo no veo a tus fans por ninguna parte.
- No es ese tipo de fama, superestrella. – le miré y allí estaba a mí lado con un bañador amarillo que le quedaba estupendamente. – Todo el mundo de este lugar sabe quien soy y me respetan. Algunos jóvenes surfistas me piden alguna foto o autógrafo y salgo en muchas portadas de revistas.
- Me gustaría aprender a hacer surf. – dijo después de unos segundos en silencio.
- Hay muchas academias por aquí.
- Me refería a que tú podrías enseñarme. – ahora el que me miraba era él.
- No, ni loca. – fueron las primeras palabras que salieron de mi boca.
- Oh, vamos. ¿Por qué no?
- Primero porque tengo una competición muy importante para la que llevo siglos preparándome y no pienso perder el tiempo enseñándole a nadie a surfear y segundo no pienso enseñarte a ti a surfear.
- Va, Fran, soy un buen alumno. – hizo pucheros.
- Lo siento, Harry, pero ya te he dicho que no. – no iba a ceder solo porque me pusiera ojos de cachorrito. – Pídeselo a Christian, él también sabe surfear. Incluso podrías pedírselo a esa anciana que está tomando el sol, seguro que también sabe surfear. 
- Eso no ha tenido mucho sentido. – rió ante mi comentario.
- Sí que lo ha tenido, significa que todo el mundo aquí sabe surfear, superestrella. - me estaba desesperando.
- Bueno, ¿al menos me dejarás verte entrenar? – asentí con la cabeza. – Te he visto esta mañana corriendo.
- ¿Cuándo?
- No lo sé, ibas corriendo por la playa y se te veía relajada. – se encogió de hombros. – ¿Oye, qué te parece si salgo a correr contigo?
- Harry, no es por presumir ni nada de eso pero, dudo que aguantes corriendo lo mismo que yo. – dije con superioridad.
- Llevo corriendo desde los trece años, aguanto lo que sea. – el ego de Harry salió a la luz.
- Bueno, si insistes. – me encogí de hombros. No iba a desaprovechar una oportunidad única para dejarlo en ridículo. – Te veo mañana a las siete en punto enfrente del comienzo del paseo marítimo. – me levanté y empecé a recoger mis cosas. – No llegues tarde, superestrella.